2 de febrero de 2015

La Fabula del Leon..!!!


Son muchas las ocasiones en las que un problema nos bloquea hasta el punto en el que toda nuestra vida gira en torno a él, estamos tan “enfrascados” en la preocupación, la angustia, la ansiedad y todo lo que viene a nuestra mente asociado al problema, que es muy complicado solucionarlo, necesitamos tomar distancia para poder ver otra perspectiva, para notar que además de lo que ahora se ha convertido en “nuestro Mundo” hay más cosas que nos importan.

Esta es una clave para solucionar problemas, trabajar la defusión que nos ayuda a ver otras perspectivas de una misma situación y que pueden contribuir a ampliar nuestro patrón de respuestas.

Pero ¿qué sucede cuando son tantos los problemas que ni si quiera puedo enfrascarme con uno? La situación que estamos viviendo ahora mismo propicia que sean muchos los quebraderos de cabeza, en algunos momentos tengo la sensación de que las personas ni si quiera se atreven a disfrutar de las pequeñas treguas que les da la vida, aportando momentos agradables, ellos están programados por todo lo vivido últimamente para seguir focalizando la atención en los problemas que nos rodean, de tal forma que no encuentran ni la valentía, ni el momento, ni la oportunidad, de buscar soluciones. Cuando la situación pasa a ser tan angustiosa las oportunidades hay que crearlas,  pese a todas las barreras lógicas que ya llevamos en la mochila.

Más allá de identificar el problema: aprender a afrontarlo

En estas ocasiones yo propongo optar por lo contrario, en lugar de alejarte para ver los problemas, tienes que acercarte, no puedes limitarte a identificarlos y a angustiarte con ellos, esto solo suma más problemas aún, porque es paradójico, pero ¿cuántas veces el mayor problema acaba siendo lo que se hace ante el problema?

Según escribo estas líneas me viene a la cabeza la historia de un león que dice:

Érase una vez un león que vivía en un desierto donde soplaba mucho viento y, debido a eso, el agua de las charcas en las que habitualmente bebía no estaba nunca quieta, ya que el viento rizaba la superficie y nunca se reflejaba nada.

Un día el león se adentró en el bosque, donde solía cazar y jugar, hasta que se sintió algo cansado y sediento. Buscando agua, llegó a una charca que contenía el agua más fresca, tentadora y apacible que posiblemente se pueda imaginar. 

De modo que el león se acercó a la charca y alargó el cuello para beber un buen trago. De repente, sin embargo, vio su reflejo y se imaginó que era otro león. 

¡Ay! -pensó para sí-, este agua debe pertenecer a otro león; será mejor que vaya con cuidado. 

Retrocedió, pero entonces la sed le hizo volver de nuevo y otra vez vio la cabeza de un temible león que le devolvía la mirada desde la superficie de la charca. 

Esta vez nuestro león esperaba poder ser capaz de ahuyentar al “otro león”; y así abrió sus fauces y dio un terrible rugido. Pero tan pronto como enseñó sus dientes, por supuesto, la boca del “otro león” también se abrió; y a nuestro león esto le pareció una horrible y peligrosa visión. 

Una y otra vez el león se apartaba y volvía de nuevo a la charca. Una y otra vez tenía la misma experiencia. 

Después de un largo rato, sin embargo, estaba tan sediento y desesperado que decidió:

“¡Con león o sin león, beberé de esa charca!”

Y he aquí lo que pasó:

tan pronto como el león hundió su rostro en el agua…

¡el “otro león” desapareció!” 

Es lógico sentir miedo, es lógico tener ganas de evitar la situación, pero si hacerlo solo contribuye a aumentar tus problemas y tus sensaciones desagradables, es más adaptativo plantearte otra alternativa, ¿Por qué  no… ? ¡solucionarlo!

Suena fácil, se hace difícil, pero mientras se soluciona no se ven más problemas que el que tienes entre manos y quizás al acercarte desaparezca y te permita ver la solución y es que tal y como le sucede al león a veces la diferencia esta entre intentar o decidir, porque cuando estamos intentando algo es fácil caer en la tentación de rendirse cuando aparecen las barreras, pero cuando se toma la firme decisión de hacer algo, si se puede hacer se hace, pese a las barreras, que se van afrontando según surgen, y es que “esto es la vida”, me dijo un día una compañera, “vivir es, solucionar problemas”.

Ningún problema es igual, ninguna persona lo afronta del mismo modo, así que no busques abrir puertas distintas siempre con la misma llave, todo depende de lo que tú CREAS.
Publicar un comentario