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12 de julio de 2021

Para reflexionar....Tendrás paciencia para leerlo...?


Cuentan que un taxista de Nueva York llegó a la dirección y tocó el claxon. Después de esperar unos minutos volvió a tocar el claxon. Como esa iba a ser la última carrera de su turno, pensó en marcharse, pero en su lugar, estacionó el automóvil y caminó hacia la puerta y llamó... "Un minuto", respondió una frágil voz de anciana. El taxista oyó algo que se arrastraba a través de la puerta.

Después de una larga pausa, la puerta se abrió. Una pequeña mujer de unos 90 años estaba de pie ante el taxista. Llevaba un vestido estampado y un sombrero con un pequeño velo, como alguien sacado de las películas de los años 40.

A su lado había una pequeña maleta de nylon. El apartamento parecía que no había sido habitado durante años. Los muebles estaban cubiertos con sábanas.

No había relojes en las paredes, ningún chisme ni utensilio en los mostradores. En el rincón había una caja de cartón llena de fotos y cristalería.

"¿Sería tan amable de llevarme la maleta al coche?", dijo. El taxista  llevó la maleta al taxi y regresó para ayudar a la anciana.

Ella se agarró a su brazo y lentamente caminaron hacia la acera.

La anciana no paraba de agradecer la amabilidad del taxista. "No es nada", le dijo "Solo intento tratar a mis clientes del modo en que me gustaría que trataran a mi madre".

"Oh, usted es un buen muchacho", dijo ella. Cuando se metieron en el taxi, ella le dio una dirección y entonces le preguntó al taxista: "¿Le importaría llevarme por el centro?"

"No es el camino más corto", respondió rápidamente el taxista.

"Oh, no me importa", dijo ella, "No tengo ninguna prisa. Voy de camino a un hospicio".

El taxista miró por el retrovisor. Los ojos de la anciana brillaban. "No me queda familia ninguna", prosiguió con una suave voz. "El médico dice que no me queda mucho tiempo." El taxista extendió el brazo lentamente y paró el taxímetro.

"¿Qué ruta quiere que tome?", preguntó.

Durante las siguientes dos horas, dieron vueltas por la ciudad. Ella le enseñó al taxista el edificio donde años atrás había trabajado de ascensorista.

Pasaron por el barrio donde ella y su esposo había vivido de recién casados. La anciana le hizo parar frente a un almacén de muebles que una vez había sido un salón de baile en el que ella había bailado de niña.

Algunas veces, la anciana le pedía que aminorara la marcha enfrente de algún edificio o esquina en concreto y se sentaba mirando fijamente en la oscuridad sin decir nada.

Cuando el primer esbozo de los rayos de sol aparecían por el horizonte, ella dijo de repente: "Estoy cansada. Vámonos ya".

El taxista condujo en silencio hacia la dirección que ella le había dado. Era una edificio bajo, como un pequeño sanatorio, con una camino de entrada que pasaba por debajo de un pórtico.

Dos camilleros salieron tan pronto como paramos. Eran solícitos y resueltos, observando cada movimiento de ella. Debían de haber estado esperándola.

El taxista abrió el maletero y llevó la maletita hasta la puerta. La mujer ya estaba sentada en una silla de ruedas.

"¿Qué le debo?", preguntó buscando en el monedero.

"Nada", dijo el taxista.

"Por favor, tiene que ganarse la vida", respondió ella.

"Hay más clientes", respondió el taxista.

Casi sin pensar, el taxista se inclinó y le dio un abrazo. Ella se abrazó a el fuertemente.

"Usted ha dado a una vieja un pequeño momento de alegría", dijo ella. "Gracias".

El taxista caminó hacia la tenue luz de la mañana... Detrás de él se cerró una puerta. Fue el sonido del cierre de una vida.

El taxista no recogió ningún cliente más en aquel turno. Condujo sin dirección alguna sumido en sus pensamientos. Durante el resto de aquel día, apenas pudo hablar. ¿Qué hubiera ocurrido si a aquella señora le hubiese tocado un taxista furioso o impaciente por terminar el turno? ¿Qué hubiera ocurrido si él se hubiera negado a hacer la carrera o si solo hubiese tocado el claxon una vez y se hubiera marchado?

Entonces pensó que no había hecho nada más importante que aquello en su vida.

Estamos condicionados a pensar que nuestras vidas giran alrededor de grandes momentos.

Pero los grandes momentos muchas veces nos pillan desprevenidos y por sorpresa, envueltos maravillosamente en lo que otras personas considerarían un momento sin importancia.

8 de marzo de 2021

¡Elige a tus amigos sabiamente!


Durante una broma, un estudiante pegó un papel en la espalda de su compañero de clase que decía ′′ Soy estúpido " y pidió al resto de la clase que no se lo dijera al chico, así que los estudiantes comenzaron a reírse una y otra vez.

Comenzó la clase de matemáticas por la tarde y su profesor escribió una pregunta difícil en el pizarrón.

Nadie pudo contestar excepto el chico con la pegatina.

En medio de las risitas inexplicables, caminó hacia la pizarra y resolvió el problema.

El profesor pidió a la clase que lo aplaudiera  y le quitasen el papel de la espalda.

Luego le dijo: ′′ Parece que no sabes sobre el papel que uno de tus compañeros de clase ha pegado en tu espalda."

Miró a la clase, diré dos cosas:

Primero, a lo largo de sus vidas, la gente les pondrá etiquetas con muchas palabras desagradables para detener tu progreso.

Si su compañero de clase hubiera sabido sobre el papel, no se habría levantado para responder a la pregunta.

Todo lo que tienen que hacer en la vida es ignorar las etiquetas que la gente pone y aprovechar cada oportunidad que tienen para aprender, crecer y mejorarse a sí mismo.

Segundo, está claro que no existe ningún amigo leal entre todos ustedes para hablarle de la pegatina.

No importa cuántos amigos tengan, es la lealtad que comparten con sus amigos lo que cuenta.

Si no tienen amigos que puedan defenderlos a sus espaldas, que puedan cuidarlos, protegerlos y que realmente se preocupan por ustedes,  es mejor estar solo.

11 de febrero de 2021

Mi primer viaje solo en tren


“Todos los años, en verano, mamá y papá acompañaban a su hijo, en tren, hasta la casa de la abuela. Luego, regresaban a casa en el mismo tren al día siguiente.

“El niño creció y un verano les dijo a sus padres:

— Ya soy mayor, ¿Qué dicen si este año intento ir solo a ver a la a abuela?

“Después de un breve debate, los padres estuvieron de acuerdo. Desde el andén de la estación, le dieron las últimas recomendaciones, mientras desde la ventana del tren él repetía:

— ¡Sí, lo sé, lo sé, ya lo han dicho cien veces …!

“El tren estaba a punto de partir y el padre dijo: —Hijo, si de repente te sientes mal o tienes miedo, ¡esto es para ti!— y puso algo en el bolsillo de su hijo.

“El niño estaba solo, sentado en el vagón, sin padres por primera vez, mirando curioso desde la ventana. Alrededor, extraños empujaban, hacían ruido, entraban al compartimiento, salían, el conductor hacía comentarios sobre el hecho de que estaba solo, alguien incluso lo miró con pesar y de repente el chico se sintió muy incómodo y triste, cada vez más.

“Agachó la cabeza, se acurrucó en un rincón del asiento y las lágrimas comenzaron a fluir. En ese momento recordó que su padre le puso algo en el bolsillo. Con mano temblorosa buscó a tientas y encontró un papel, tenía escrito esto:

“—Hijo, estoy en el último vagón…”

Puedo imaginar el alivio y cúmulo de emociones que invadieron a este niño y es quizá en ese último vagón del tren de la vida, donde debemos viajar siempre los papás, cuidando y privilegiando la libertad de nuestros hijos, pero asegurándonos de que mientras estemos con vida, siempre contarán con ese puerto seguro donde guarecerse de las tormentas y retomar fuerzas para salir al mundo y comérselo.

Los tres consejos


Una pareja de recién casados era muy pobre y vivían de los favores de las gentes de un pequeño pueblo. Un día el marido le hizo la siguiente propuesta a su esposa:

"Querida voy a irme de nuestra casa por un tiempo, buscaré un empleo y trabajaré hasta que haya ganado el suficiente dinero como para regresar y poder darte una vida más cómoda y digna. 

No sé cuánto tiempo voy a estar lejos de ti, solo te pido una cosa, que me esperes y me seas fiel. Por mi parte, yo prometo serte fiel.

Así, que el joven caminó varios días, hasta que al fin encontró un hacendado que estaba necesitando un ayudante para su hacienda. El joven se ofreció para trabajar y fue aceptado.

Pero decidió hacer un pacto con su jefe:

"Déjeme trabajar por un tiempo y cuando crea que es tiempo de irme, usted me liberará de mis obligaciones. Yo no quiero recibir mi salario, quiero que lo ingrese en una cuenta de ahorro hasta el día en que me vaya. Entonces en ese momento usted me dará el dinero que yo haya ganado"

Se pusieron de acuerdo y aquel joven trabajo durante veinte años, sin vacaciones, ni descanso.

Transcurrido ese tiempo se acercó a su patrón y le dijo:

"Jefe, ya es hora de regresar a mi casa, quiero que me entregue mis ahorros, saldré mañana muy temprano"

El patrón estuvo de acuerdo, pero antes de cumplir con su parte del pacto, le hizo una propuesta:

"Yo puedo darte tu dinero y tú te vas, o puedo darte tres consejos y no te doy el dinero y te vas. 

Si yo te doy el dinero, no te doy los consejos y viceversa. Vete a tu cuarto, piénsalo y después me das la respuesta".

Él pensó durante dos días, con muchas dudas porque se trataba de mucho dinero, pero como respetaba a su patrón y lo consideraba un gran sabio y sabía que lo amaba como a su propio hijo, finalmente no dudo y le dijo: "Quiero los tres consejos"

El patrón le recordó: "Si te doy los consejos, no te doy el dinero.". Si, si, lo sé, pero quiero los consejos.

El patrón entonces le aconsejó:

1. “Nunca tomes atajos en tu vida”. Los caminos más cortos y desconocidos te pueden costar la vida.

2. “Nunca seas curioso de aquello que represente el mal”. La curiosidad por el mal puede ser fatal.

3. “Nunca tomes decisiones en momentos de odio y dolor”. Puede que te arrepientas toda la vida.

Después de darle los consejos el patrón le dijo al joven:

"Aquí tienes tres panes”, dos para comer durante el viaje y el tercero es para comerlo con tu esposa cuando llegues a tu casa.

Después de veinte años fuera de su casa, el hombre comenzó el largo recorrido para regresar con su familia.

Cuando había realizado el primer día de viaje, encontró una persona después de saludarlo le preguntó a dónde iba. Él le respondió: "Voy a un pueblecito muy distante que queda a más de veinte días de caminata por este camino"

El hombre le dijo entonces: "Este camino es muy largo, yo conozco un atajo con el cual llegaras en pocos días"

Él se puso contento y comenzó a caminar por el atajo, pero de pronto se acordó del primer consejo: 

“Nunca tomes atajos en tu vida”. Caminos más cortos y desconocidos te pueden costar la vida.

Entonces salió de aquel atajo y volvió a seguir su camino. 

Dos días después se enteró que otros viajeros que habían tomado el atajo habían sido asaltados, golpeados y les robaron todo lo que tenían. Ese atajo conducía a una emboscada.

Después de algunos días de viaje, ya muy cansado, encontró un pequeño hotel y pensó en pasar allí la noche. Era ya muy tarde y al llamar una mujer le abrió la puerta y le atendió. Después de tomar un baño se acostó a dormir. Pero de madrugada se despertó asustado al escuchar un grito aterrador.

Se dirigió hasta la puerta para ir al lugar de donde procedía el grito, pero cuando estaba abriendo la puerta, se acordó del segundo consejo:

“Nunca seas curioso de aquello que represente el mal”. La curiosidad por el mal puede ser fatal.

Así que regresó y se acostó a dormir.

Al amanecer, después de desayunar, el dueño de la posada le pregunto si no había escuchado un grito y él le contesto que sí lo había escuchado. El dueño le preguntó si no había sentido curiosidad y él le contesto que no. A lo que el dueño les respondió: "Usted ha tenido suerte en salir vivo de aquí, pues en las noches nos acecha una mujer con crisis de locura, que grita horriblemente y cuando el huésped sale a enterarse de lo qué está pasando, lo mata y luego desaparece".

El joven siguió su larga jornada, ansioso por llegar a su casa.

Después de muchos días y noches de caminata, cuando ya atardecía, vio entre los árboles el humo que salía de la chimenea de su pequeña casa. Se acercó y vio entre los arbustos la silueta de su esposa. 

Aunque estaba anocheciendo, se dio cuenta de que ella no estaba sola. Se acerco un poco más y vio que ella tenía sobre su regazo la cabeza de un hombre al que acariciaba los cabellos.

Cuando vio aquella escena, su corazón se llenó de odio y amargura y decidió correr al encuentro de los dos y matarlos sin piedad. Respiro profundo, apresuró sus pasos, cuando de pronto recordó el tercer consejo:

“Nunca tomes decisiones en momentos de odio y dolor”. Puede que te arrepientas toda la vida.

Entonces se paró y reflexionó, decidió dormir ahí mismo aquella noche y al día siguiente tomar una decisión. 

Después de haber descansado, decidió volver con su patrón, pero antes quería decirle a su esposa que él siempre le había sido fiel.

Se dirigió a la casa. Cuando su esposa abrió la puerta y lo reconoció, lo abrazó fuertemente, pero él con lágrimas en los ojos, le reprochó que no le hubiera sido fiel y que lo hubiera traicionado con otro hombre.

Ella sorprendida le respondió: "Yo jamás te traicioné, te fui fiel durante todos estos veinte años"

Y entonces, le preguntó: "¿quién es ese hombre que acariciabas ayer por la tarde?"

Y ella le contestó: "Aquel hombre es nuestro hijo. Cuando te fuiste, descubrí que estaba embarazada"

Entonces el marido entró, abrazó a su hijo y les contó toda su historia, mientras la esposa preparaba la cena.

Finalmente se sentaron a comer el último pan, tal como le había encargado el patrón. 

Después de dar gracias por los alimentos, partió el pan y al abrirlo, se encontró con todo el dinero que había ganado durante los veinte años que trabajó para su patrón.

MUCHAS VECES CREEMOS QUE LOS" ATAJOS " NOS AYUDAN A LLEGAR MAS RÁPIDO, LO QUE NO SIEMPRE ES VERDAD...

MUCHAS VECES SOMOS CURIOSOS, QUEREMOS SABER DE COSAS QUE NI NOS DAN RESPETO Y NO NOS TRAEN NADA BUENO...

OTRAS VECES REACCIONAMOS MOVIDOS POR EL IMPULSO, EN MOMENTOS DE RABIA, Y DESPUÉS NOS ARREPENTIMOS.