15 de junio de 2021

Se les conoce como Plataforma o “Truck”.

La planta de henequén, llamada Kij en lengua maya, el “oro verde”, es el nombre que recibió el henequén en Yucatán durante el siglo XIX, a causa de la gran derrama económica que generó durante su auge industrial.


Desde la época prehispánica el henequén se trabaja en Yucatán. Aún después de la conquista de Yucatán, los mayas continuaron con su explotación, especialmente para la fabricación de sogas y cordeles. Con el paso del tiempo, la producción fue creciendo hasta convertirse en importante agroindustria, y los productos derivados del henequén comenzaron a venderse a lugares cada vez más lejanos hasta llegar a los mercados estadounidenses y europeos.

Hacia mediados del siglo XIX se intensificó el cultivo del henequén en Yucatán para alimentar a la creciente industria, mediante las haciendas, que destinaron grandes extensiones de tierra, particularmente en el norte de la península de Yucatán donde es más apropiado el cultivo de esta planta vernácula. Para ello se aprovechó la mano de obra campesina, siendo los trabajadores de ascendencia maya, uno de los pilares fundamentales de esta agroindustria. A partir de 1857, al inventarse el denominado tren de raspa por José Esteban Solís, maquinaria que permitió la rápida expansión de la producción de fibra de henequén para la fabricación de hilos y tejidos de esa fibra natural, la agroindustria se desarrolló significativamente.

José Esteban Solís (Mérida, Yucatán), México, 1825 - ídem 1888) fue un ingeniero e inventor mexicano. Concibió y desarrolló una máquina para desfibrar las pencas de henequén que facilitó la industrialización del agave en Yucatán. Gracias a este invento, patentado en 1857, la agroindustria henequenera alcanzó su máximo desarrollo al finalizar el siglo XIX, dándole a Yucatán la primacía en la industria de las fibras duras naturales a nivel mundial, lo que impulsó notablemente el desarrollo económico de la región.

También inventó el tren de raspa, también llamado plataforma, o “truck”, como lo conocemos comúnmente. Existieron de tres tipos: dos tipo plataforma, con una plancha de madera para apilar las pencas recién cortadas de los henequenales; uno considerablemente más largo que otro con doble juego de ruedas y otro corto de fácil manejo; y, el tercero que es un contenedor llamado “bagacera”, que consiste en recipiente donde se recogía el bagazo sobrante producto de la raspa de las pencas. Este tenía movimiento lateral para poder descargar el bagazo en áreas destinadas.


Para principios del siglo XX, ya existía cientos de kilómetros de vías del “truck” en toda la península que, algunas se conservan todavía como atractivo turístico y muy pocas siguen con su labor ancestral. Actualmente objetos prohibidos para venta (las rieles), no así el tren en sí, que muchos lo usan como objeto decorativo en los jardines.

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